Vecindarios protegen sus espacios de paz

Santo Domingo

Sobre muchos asentamientos humanos de la capital, barrios y urbanizaciones, pesa una apabullante carga de noticias negativas que desnudan crudamente sus problemas de marginalidad, crímenes y delincuencia, que a su vez  van nublando la marcha positiva de otros ambientes sanos en vecindarios donde, en vía opuesta, existe una relación de entendimiento y paz.

De estos últimos nadie habla, a pesar de  su ejemplaridad, con mucho que contar y enseñar, para lograr cambios.

Y aquí están dos ejemplos, dos hechos inadvertidos por la atención centrada en el lado oscuro de las cosas. Próximo a la línea colindante con el mar, en la  franja costera sur, casi topando, literalmente, la autopista 30 de Mayo, están enclavados los sectores Antillas y El Cacique, con una mezcla de clase media y pobres, familias ejemplares, vecindades laboriosas, hombres y mujeres profesionales; técnicos, comerciantes, dueños de pequeños negocios, peluquerías, colmados, sastrerías, tapicerías, centros de arte y entretenimiento.

Junto a su dinámica economía, Antillas y El Cacique disfrutan de un despunte muy especial, con una particularidad casi exclusiva: sus vecindades cuidan de su seguridad colectiva, tienen una juventud consagrada a los estudios y una simpatía envidiable por el bien común.

Este goce y sosiego de que disfrutan las familias en este entorno de convivencia y tranquilidad lo cuentan hasta sus calles. Desde  la primera luz del día hasta su anochecer, aquí hay una impresión, a primera visita, de lugares donde reside poca gente. Calles solitarias, escasa gente moviéndose por sus espacios públicos. La gente sale temprano al trabajo y al regreso se interna en sus casas.

Entre día y sus noches, ni una pizca de escándalos, ni ruidos, ni alborotos. Los negocios con equipos de música se acogen a la intensidad sonora en sus decibeles legales. Igual sucede en las residencias. Allí, la hora de dormir es sagrada y los establecimientos de expendio se ajustan a las reglas de cierre.

La presencia policial es constante y su relación con estos sectores es satisfactoria. Sus diálogos están basados en el trabajo de protección y defensa. Algunos ladrones han terminado en la cárcel por la acción rápida de los vecinos. Cuando algún extraño merodea cerca de viviendas, siempre hay un teléfono que sueña en la vivienda en peligro. Esa puede ser la obra de un buen vecino. Regularmente, en estos espacios  sólo rompe el silencio el pregón de una mujer que vende flores en un ancho tarro sobre su cabeza, el billetero que anuncia los números de suerte para un domingo, el reparador ambulante de calzados o el vendedor que empuja su triciclo mientras llama la atención de sus marchantes, con una oferta de productos para ensaladas o juegos.

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LOS CENTROS DE ARTE Y ENTRETENIMIENTO

La juventud sana de estos sectores está concentrada en un futuro seguro, basados en utilidad y fuerza de sus libros y asistencia a las escuelas y universidades. Sus actividades deportivas se efectúan en los clubes Coanca y Antillas, ambos en las calles Bienvenido Hernán y Esteban Suazo, respectivamente. Allí gozan de piscina y canchas de tennis, fútbol, baloncesto y voleibol. Club Coanca es un centro de recreación para cientos de jóvenes que practican allí varias disciplinas deportivas, y constituye un lugar de esparcimiento para los munícipes de El Cacique y Antillas, entre otros sectores aledaños. El respeto, orden, disciplina, buena conducta y modales, son requisitos básicos para una familia pertenecer a esa entidad.

Autor entrada: Bretania Aquino

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