En la Ciudad Colonial a la hora del almuerzo

Santo Domingo

‘Te voy a llevar a un sitio a comer sushi’.  Quien me habla es mi nieto Axel, al enterarse de que nunca he probado sushi. A eso de la 1:00 de la tarde del domingo llegamos, por 140 pesos en un taxi Cabify, hasta la calle El Conde con Parque Colón, en la Zona Colonial. Vamos hacia la cuadra entre las calles Isabel la Católica y Las Damas donde hay bares y restaurantes con mesas al aire libre y un tramo con árboles que dan sombra.  Aquí funciona el bar-restaurante Segazona, en el local que ocupara el famoso Segafredo. Sus parasoles protegen a los parroquianos de la lluvia y el sol y varios abanicos estratégicamente ubicados en la acera refrescan a la clientela cuando aprieta el calor.

‘Sólo vamos a tomar un aperitivo’,  aclaro a la joven que se acerca a atendernos. Axel pide cerveza. Yo, jugo de fresa. De bocadillo, mi nieto es quien elige: un servicio de croquetas de papas y jamón. En un extremo de la calzada cuatro niños juegan beisbol con una pelota de goma. Para batearla utilizan un brazo.  Les observo divertirse de lo lindo mientras por el espacio abierto transita un airecillo juguetón.

Traen la cerveza. Sin vaso. Es la costumbre: a pico de botella. En cuanto al jugo de fresa tiene muy buen sabor. Lo que de veras me sorprende es la calidad de las croquetas: el relleno es una masa suave y el exterior, crocante. En su justo punto. Tras un rato de relax pido la cuenta. Con el ITBIS y el por ciento de ley incluidos hace un total de RD$ 684.80.

Desde aquí caminamos hasta el Parque Colón. Un conjunto de música típica inunda con estridencia la plaza. A los turistas parece gustarles. Proseguimos por la calle Isabel la Católica hasta la Padre Billini, en cuya esquina a mi izquierda resalta una casa de estilo neo hispánico con una torre en forma de cilindro. El primer piso tiene un letrero de Se Alquila.  El segundo está ocupado por el Beer Market. Es decir, mercado de la cerveza. Entiendo que de noche se llena.

Continuamos por la Padre Billini pasando junto al Colegio Dominicano de Ingenieros y Arquitectos. En este edificio estuvo la Casa de España. Recuerdo la magnífica escalinata. Por ser domingo las puertas están cerradas. No pude enseñársela a Axel. A su lado, en la esquina con Arzobispo Meriño  está la Casa de Tostado. Posee un elemento único en nuestro continente: una ventana gótica geminada. En ella funciona el Museo de la Familia Dominicana. Giramos a la izquierda hasta encontrar la número 107: Diseño Local Store y Bam Bam Sushi, casi al frente de Casa de Teatro, a cuyo lado hay una ventana con flores. Parece un cuadro.

Ya dentro de la tienda, lo que ante mi vista aparece son artículos diversos, desde souvenirs hasta ropa y sombreros. ‘¿Y es aquí dónde hacen sushi?, me pregunto. De cocina no veo nada. Hasta que Axel me orienta hacia los patios. El mozo trae el ‘menú’. Es una lista de numerosos ingredientes que uno debe marcar con bolígrafo. Mi elección es sencilla. Por fuera: sólo arroz. De relleno: pollo y plátano maduro. De salsa: la chimichurri. De topping: crunchy y pico de gallo. Axel, en cambio, pide un sushi con otros y más numerosos ingredientes. A los quince minutos de ordenado se acerca el mozo a informar que de aquellos no tiene bacon ni camarones. Paciencia. Aún así, tanto el suyo como el mío están muy buenos. Los pedidos del bar son asunto aparte. Es otro mozo y otra factura. Axel pide cerveza negra. Yo, una copa de vino tinto: Tarapaca, el único que ofrecen por copa. Las cuentas son calculadas aparte. Por Bambam Sushi, con ITBS pero sin propina: RD$ 625.00. Por el bar de Diseño Local Store: con ITBS y propina de ley: RD$ 435.20. Quedé conforme con las recomendaciones de Axel. No es de extrañar. De la Ciudad Colonial la gente joven ya conoce cada sitio. Aunque, obviamente, la tienen como destino, pero en horas de la noche.

Autor entrada: Bretania Aquino

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